
Viajar desde Atacama a Calama, llegar a Iquique de noche, sin saber donde ir y tener un ángel guardián, llamado Sebastián junto a una hermosa familia, brindan un abrazo que me deja mirando al oeste...

Y tu y yo en medio de toda esta alfombra

Bramando cerca, sin esquivar la verdad del mar

En una ciudad que tiene mar. Que tiene energía para dejarte pensando: Cual es el camino a seguir...

Yendo o viniendo por esas mañanas de verano donde el sol es siempre un factor persistente

Imaginando que algunos deben ser felices de a dos, que a veces el sendero tiene mas huellas y que el mar siempre nos devuelve un reflejo distinto

Despedirse... sentir muchas ganas de verte ahí por siempre. Despues los colores dan un espectaculo para retener en muchas vidas

Y enterarte de que hay muchas estrellas allá arriba, pasando el cordon montañoso que le dicen los Andes. Del que hablan y no dimensionan.

Como magia de encuentros dividos por ilusiones y fantasias sobre algo cotidiano. Asi fuiste Iquique.

Porque no importará de donde seas o cuando naciste. El mar será mucho mas fuerte que cualquier intento de escapar de los sueños.

Y verás a las aves comer en las playas y verás como funciona sin que uno sea lo que es

Porque ante tanta ansiedad de ir, también existe el dialogo en el que no estamos seguros de ir a la deriva